Respuesta directa: sí, puedes crear una tienda online gratuita en el sentido de no pagar por el software, pero «gratis del todo» no existe. Hay dos caminos sin cuota de plataforma: instalar un programa de código abierto como WooCommerce o PrestaShop, o usar el plan gratuito de un constructor alojado, que a cambio pone su marca en tu tienda, te limita el catálogo y suele cobrar una comisión por venta. En los dos casos seguirás pagando tres cosas que no dependen de la plataforma: el dominio, la comisión de la pasarela de pago cada vez que cobres y, en la vía autoalojada, el alojamiento. A eso hay que sumar las obligaciones que no tienen nada que ver con la tecnología: el alta censal en Hacienda, tu situación con la Seguridad Social y los textos legales que exige la normativa española. El desembolso mínimo honesto para vender legalmente en España se parece más a «un dominio al año más lo que se lleve la pasarela de cada cobro» que a cero euros.
Esta guía está escrita para quien parte de cero y quiere entender el terreno antes de gastar. No vas a encontrar aquí una tabla de precios: cambian cada pocos meses y publicarla sería engañarte. Vas a encontrar los modelos de cobro de cada opción, para que sepas exactamente qué preguntar y dónde mirar, y un repaso serio de la parte legal, que es donde más gente se pilla los dedos y donde casi ningún artículo sobre este tema entra.
¿De verdad se puede crear una tienda online gratis?
Depende de qué entiendas por «gratis». Cuando alguien busca cómo crear una tienda online gratuita normalmente quiere decir «sin poner dinero por delante», y esa parte sí es alcanzable. Lo que no es alcanzable es tener un negocio de venta a distancia con coste cero permanente, porque hay servicios de terceros que cobran sí o sí.
Los tres tipos de «gratis» que te vas a encontrar
Gratis de código abierto. WooCommerce, PrestaShop, Odoo Community o Magento Open Source son programas que puedes descargar y usar sin licencia. El software vale cero. Ahora bien, ese software tiene que vivir en algún sitio: necesitas un alojamiento, un dominio y alguien que actualice, haga copias de seguridad y arregle lo que se rompa. Ese «alguien» al principio eres tú, y tu tiempo tampoco es gratis.
Gratis freemium. Varios constructores alojados tienen un escalón sin coste: Square Online, Ecwid (hoy dentro de Lightspeed), Big Cartel o Jimdo han mantenido planes gratuitos con límites. Los límites típicos son un subdominio del proveedor en lugar de tu dominio, un número máximo de productos, la marca del proveedor visible en la tienda y una comisión por transacción más alta que en los planes de pago. No es un engaño: es el modelo de negocio. Te dejan probar y cobran cuando creces.
Gratis de prueba. Shopify y la mayoría de constructores comerciales no tienen plan gratuito permanente, sino un periodo de prueba. Es útil para montar la tienda entera y ver si te convence antes de pagar, pero cuenta con que ahí hay una fecha de caducidad. Confundir una prueba con un plan gratuito es el desengaño más habitual del primer mes.
La pregunta útil no es «¿cuál es gratis?», sino «¿quién paga lo que yo no pago?». En el código abierto lo pagas con tu tiempo de mantenimiento. En el freemium lo pagas con comisión por venta y con la marca de otro en tu escaparate. En el marketplace lo pagas con la comisión más alta del mercado y con no ser dueño de la relación con tu cliente.
Cuándo el «gratis» te sale caro
Hay tres momentos en que la opción sin coste acaba costando dinero de verdad. El primero es la migración: si empiezas en un subdominio del proveedor y a los dos años quieres tu propio dominio y tu propia plataforma, mover catálogo, URLs, historial de pedidos y posicionamiento es un trabajo largo, y las URLs antiguas que perdiste ya no te devuelven visitas. El segundo es el límite de catálogo: descubrir que no puedes subir el producto número once justo cuando el negocio empieza a moverse. El tercero es la comisión por transacción del plan gratuito, que en volumen puede superar con creces la cuota mensual del plan de pago que estabas evitando.
La regla práctica: usa el gratis para validar (¿me compra alguien esto?, ¿a qué precio?, ¿qué preguntas me hacen?) y pasa a una base propia en cuanto haya ventas repetidas. Y compra el dominio desde el primer día, aunque todavía apunte a una tienda en un subdominio ajeno; es la pieza más barata y la única que no querrás cambiar nunca.
Qué es gratis y qué no: el coste mínimo real de arrancar
Vamos por partidas. Esta es la lista completa de lo que interviene en una tienda online y dónde hay o no hay opción sin coste. Te doy el modelo, no el importe, por la razón de siempre: los precios de dominios, alojamientos y pasarelas cambian y una cifra escrita hoy miente dentro de seis meses.
| Partida | ¿Hay opción sin coste? | Qué pagas realmente |
|---|---|---|
| Software de tienda | Sí (código abierto o plan gratuito) | Cero en licencia; en el plan gratuito, comisión por venta y marca del proveedor |
| Plantilla o diseño | Sí, hay temas gratuitos en todas las plataformas | Cero, a cambio de parecerte a otras miles de tiendas; un tema de pago o un diseñador si quieres identidad |
| Dominio propio | No | Cuota anual al registrador. Ojo al precio de renovación, casi siempre más alto que el de alta |
| Alojamiento | Solo si usas un constructor alojado | En la vía autoalojada, cuota mensual o anual del hosting |
| Certificado HTTPS | Sí, en la práctica siempre | Cero: los proveedores incluyen certificados gratuitos que se renuevan solos |
| Correo con tu dominio | Parcialmente | Algunos registradores incluyen un buzón básico; un correo profesional con espacio y filtros suele ser de pago por usuario |
| Pasarela de pago | No | Porcentaje del importe más un fijo por operación; a veces cuota de mantenimiento del TPV |
| Fotos de producto | Sí, con tu móvil | Cero si las haces tú; el coste real es el tiempo y una ventana con buena luz |
| Textos legales | Sí, hay plantillas | Cero si las adaptas a conciencia; una revisión jurídica si vendes algo delicado |
| Alta fiscal y cotización | No | Alta censal (sin coste) y, si procede el alta en el RETA, la cuota que corresponda |
| Gestoría o asesoría | Sí, si te lo llevas tú | Cuota mensual si delegas impuestos y contabilidad, que es lo recomendable si no dominas el tema |
| Envíos | No | Tarifa por paquete; se repercute al cliente o se asume en el margen |
| Publicidad | Sí, puedes no hacer | Cero si tiras de contenido y de tu red; presupuesto si quieres acelerar |
Con esa lista delante, el escenario mínimo honesto para arrancar es: plan gratuito de un constructor o instalación de código abierto en un alojamiento económico, dominio propio pagado al año, certificado incluido, fotos hechas por ti, textos legales adaptados por ti y una pasarela que solo cobra cuando cobras tú. Es decir, un gasto fijo pequeño y previsible, más un gasto variable que solo aparece si vendes. Eso es lo mejor de este modelo de negocio: puedes equivocarte barato.
Las cuatro vías para empezar a vender (y cuál te conviene)
Casi todas las decisiones de este proyecto se derivan de una sola: dónde vive tu tienda. Hay cuatro caminos, y no son excluyentes entre sí.
Vía 1: constructor alojado
Contratas un servicio que te da tienda, alojamiento, actualizaciones, copias de seguridad y soporte en un mismo paquete. Shopify es el ejemplo más conocido; Wix, Squarespace, Square Online, Ecwid o Jimdo juegan en el mismo terreno con enfoques distintos. Montas la tienda desde un panel, eliges una plantilla y en un fin de semana estás vendiendo.
Lo bueno: tiempo hasta la primera venta muy corto, cero mantenimiento técnico, y cuando algo se rompe hay a quién llamar. Lo malo: cuota mensual, personalización limitada a lo que el sistema permite, dependencia de las reglas del proveedor y, en algunos casos, comisión extra por venta si no usas su pasarela. Detalle importante de Wix: su plan gratuito existe pero no permite cobrar; para vender necesitas un plan de pago. Conviene comprobar esto en cada proveedor, porque «plan gratuito» y «plan gratuito con ventas» son cosas distintas.
Vía 2: autoalojado con software libre
Contratas un alojamiento y un dominio e instalas tú el programa. WooCommerce (un plugin de WordPress) y PrestaShop son las dos opciones más extendidas en España; también están Magento Open Source, Shopware y el módulo de comercio electrónico de Odoo, este último con sentido sobre todo si ya usas su gestión.
Lo bueno: control total, coste de licencia cero, posibilidad de tocar cualquier cosa, catálogo sin límites artificiales y una comunidad enorme de extensiones. Lo malo: el mantenimiento es tuyo. Actualizaciones de PHP y del núcleo, compatibilidad entre plugins, copias de seguridad, seguridad, velocidad. Muchos proyectos que empezaron aquí acabaron con una tienda desactualizada y vulnerable porque nadie tenía asignada esa tarea. Si eliges esta vía, decide desde el principio quién la mantiene y con qué periodicidad.
Vía 3: marketplace
Vendes dentro de la casa de otro: Amazon, eBay, Etsy, Miravia, Wallapop o Vinted según el producto. No montas tienda, montas fichas. El tráfico ya está allí, y esa es toda la propuesta de valor.
Lo bueno: puedes vender la primera semana sin saber nada de webs ni de posicionamiento. Lo malo: la comisión por venta es de otro orden que la de una pasarela, las reglas las pone la plataforma y las puede cambiar, compites en la misma pantalla con quien vende lo mismo más barato, y la relación con el cliente no es tuya (ni sus datos, ni su correo, ni la posibilidad de fidelizarlo con tu marca). Como canal adicional es una buena idea; como única casa, es construir sobre terreno alquilado.
Vía 4: redes sociales y WhatsApp
Catálogo en Instagram o Facebook, WhatsApp Business con su catálogo integrado, y cobro por Bizum, transferencia o un enlace de pago. Es la vía más rápida y la más barata, y es un primer paso perfectamente respetable para validar un producto artesanal o local.
Lo bueno: cero fricción para empezar, conversación directa con el comprador, y aprendes muchísimo de las objeciones reales. Lo malo: no escala (cada venta consume tu tiempo), no hay carrito ni control de stock, la conversación vive en una plataforma que no controlas y las obligaciones legales y fiscales son exactamente las mismas que si tuvieras una tienda con dominio propio. Vender por WhatsApp no te exime de facturar, de informar del desistimiento ni de tratar bien los datos personales.
| Vía | Coste de arranque | Control | Tiempo hasta vender | ¿De quién es el cliente? | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|---|---|---|
| Constructor alojado | Cuota mensual (o plan gratuito con límites) | Medio: lo que el panel permita | Días | Tuyo | No quieres saber nada de la parte técnica y valoras tu tiempo |
| Autoalojado (WooCommerce, PrestaShop) | Dominio + alojamiento; software cero | Total | Semanas | Tuyo | Catálogo grande, necesidades particulares o alguien que lleve la técnica |
| Marketplace | Casi cero, a veces cuota de vendedor | Bajo: reglas ajenas | Horas | De la plataforma | Validar demanda o abrir un canal extra con tráfico ya hecho |
| Redes y WhatsApp | Cero | Bajo | Horas | Compartido, en el mejor de los casos | Producto artesanal o local, primeras ventas, aprender del cliente |
La combinación que mejor suele funcionar en un negocio nuevo: empieza validando por redes o marketplace mientras montas en paralelo la tienda propia con tu dominio, y en cuanto tengas ventas repetidas lleva ahí el peso, usando los otros canales como captación. Si te interesa el modelo sin stock, tenemos una explicación aparte de qué es el dropshipping y cómo funciona, con sus ventajas y sus trampas.
Cómo elegir plataforma sin arrepentirte a los seis meses
La elección de plataforma se suele hacer por lo que se ve (las plantillas bonitas) y se sufre por lo que no se ve. Estos son los criterios que de verdad pesan a medio plazo.
Los siete criterios que importan
- Exportabilidad. ¿Puedes sacar tu catálogo, tus pedidos y tus clientes en un fichero estándar el día que quieras irte? Si la respuesta no es un sí claro, estás alquilando tu negocio.
- Encaje con España. Que soporte el IVA como lo necesitas, que emita facturas conformes, que se integre con las pasarelas que aquí se usan (incluido el TPV virtual de tu banco y Bizum) y que tenga plantillas de textos legales adaptadas al derecho español, no traducciones genéricas.
- Modelo de cobro completo. No mires solo la cuota: pregunta por la comisión por transacción si no usas su pasarela, por el coste de las aplicaciones necesarias y por qué pasa cuando superas un límite de pedidos o de espacio.
- Control de las URLs. Poder decidir la estructura de direcciones, las redirecciones y las etiquetas canónicas. Una plataforma que no te deja redirigir una URL antigua te obliga a perder posiciones cada vez que reorganizas el catálogo.
- Rendimiento en móvil. La mayoría de tus visitas van a llegar desde un teléfono con una conexión mediocre. Una plantilla preciosa que tarda cinco segundos en cargar pierde clientes antes de enseñarles el producto.
- Mantenimiento asumible. Sé sincero contigo mismo sobre cuántas horas al mes vas a dedicar a actualizar y arreglar. Si la respuesta es cero, no elijas la vía autoalojada.
- Comunidad y documentación en español. Cuando algo se rompe un sábado, encontrar la solución escrita por alguien que ya pasó por ahí vale más que cualquier característica del folleto.
Qué es cada plataforma, en una línea honesta
- WooCommerce. Extensión gratuita para WordPress. Si ya tienes un WordPress o piensas apoyarte mucho en contenidos, es la vía natural. Pagas alojamiento y, casi siempre, alguna extensión de pago.
- PrestaShop. Proyecto de código abierto con fuerte implantación en España y Francia, pensado desde el principio como tienda y no como blog al que se le añade una tienda. También ofrece una modalidad alojada por si no quieres administrar nada.
- Shopify. Constructor alojado de referencia. No tiene plan gratuito permanente; tiene prueba y cuota. Cobra una comisión adicional si cobras con una pasarela distinta a la suya, algo que conviene tener presente al comparar.
- Wix y Squarespace. Constructores muy visuales, cómodos para catálogos pequeños. Recuerda que para cobrar hace falta plan de pago.
- Square Online y Ecwid (Lightspeed). Han mantenido escalones gratuitos con límites; Ecwid tiene la particularidad de que se incrusta dentro de una web que ya tengas, lo cual es útil si ya tienes presencia y solo quieres añadir el carrito.
- Big Cartel. Orientado a creadores y catálogos muy pequeños, con un plan gratuito históricamente limitado en número de productos.
- Odoo, Magento Open Source, Shopware. Potentes y libres, pero con una curva de aprendizaje y unas necesidades de servidor que no compensan para una primera tienda salvo que ya trabajes con ellos.
Comprueba los límites concretos de cada plan gratuito en la web del proveedor el día que vayas a decidir: es la clase de dato que cambia sin aviso y que ningún artículo puede mantener al día.
Dominio, correo profesional y certificado: la parte que sí se paga
El dominio
Es la única pieza que te acompañará todo el proyecto, y la más barata. Un consejo por encima de todos: mira el precio de renovación, no el de alta. Es habitual encontrar promociones agresivas el primer año y una renovación notablemente más cara a partir del segundo, y como para entonces ya tienes clientes, enlaces y posicionamiento en esa dirección, cambiarte cuesta mucho más que la diferencia.
Sobre la extensión: un .es comunica que vendes en España y sigue teniendo buena disponibilidad de nombres; un .com es el estándar internacional y el que la gente teclea por defecto. Si el nombre te importa, registra los dos y redirige uno al otro. Evita nombres con guiones, con letras dudosas al dictado y con palabras que tengas que deletrear por teléfono. Y comprueba, antes de registrar, que el nombre no choca con una marca registrada: perder el dominio por un conflicto de marca cuando ya facturas es un disgusto caro.
El correo profesional
Escribir a tus clientes desde una cuenta gratuita genérica es la manera más rápida de parecer improvisado, y también de acabar en la carpeta de correo no deseado. Necesitas una dirección con tu propio dominio. Algunos registradores y alojamientos incluyen buzones básicos en su plan; los servicios de correo profesional se cobran por usuario y mes. Sea cual sea la opción, configura correctamente los registros de autenticación de correo (SPF, DKIM y DMARC) o tus confirmaciones de pedido no llegarán a la bandeja de entrada. Es un trabajo de una tarde que ahorra meses de «no me ha llegado nada».
El certificado
Toda tienda tiene que servirse por HTTPS: hay datos personales y hay pagos. En la práctica esto ya no es una partida de gasto, porque casi todos los alojamientos y todos los constructores incluyen certificados gratuitos que se renuevan solos. Lo único que debes verificar es que todas las páginas cargan con el candado, sin contenido mixto, y que la versión sin www redirige a la que hayas elegido como principal. Una tienda con avisos de seguridad no vende, por muy bueno que sea el producto.
Pasarelas de pago: lo que se lleva cada venta
Aquí es donde el «gratis» se termina de verdad, y conviene entenderlo bien porque afecta a tu margen en cada pedido.
El modelo de cobro
La estructura habitual de una pasarela es un porcentaje del importe más una cantidad fija por operación. Ese fijo es lo que hace que los pedidos pequeños sean proporcionalmente mucho más caros de cobrar: en un carrito de pocos euros, la parte fija puede comerse un trozo notable del margen. Es una de las razones por las que a muchas tiendas les interesa fomentar el pedido agrupado en lugar de la venta suelta.
Sobre ese esquema base se añaden variaciones que conviene preguntar por escrito antes de firmar nada:
- Origen de la tarjeta. Las tarjetas emitidas fuera de la Unión Europea y las tarjetas corporativas suelen tener tarifa superior.
- Cuota fija mensual. El TPV virtual contratado con un banco a través de Redsys puede llevar mantenimiento mensual además de la comisión.
- Devoluciones y retrocesos. Comprueba si al devolver un pedido recuperas la comisión (a menudo no) y cuánto cuesta un retroceso de cargo cuando un cliente reclama a su banco.
- Plazo de liquidación. Cuántos días tarda el dinero en llegar a tu cuenta y si hay una retención de garantía. Para una tienda que empieza, cobrar a los dos días o a los siete cambia por completo la tesorería.
- Verificación de identidad. Todas las pasarelas serias piden documentación para activar la cuenta. Empieza el trámite antes de tener la tienda lista o te encontrarás con el escaparate abierto y el cobro bloqueado.
Las opciones que se usan en España
El TPV virtual bancario se contrata con tu banco y se opera técnicamente a través de Redsys; es la opción clásica y la que más confianza transmite a cierto público, con la contrapartida de una integración algo más rígida y una negociación de condiciones que depende de tu banco. Stripe y PayPal son las alternativas internacionales más extendidas, con activación rápida y buena integración en todas las plataformas; PayPal además aporta un método que mucha gente ya tiene configurado. Bizum se ha vuelto casi obligatorio para el público español y se ofrece a través del TPV bancario o de determinados agregadores. Los pagos aplazados tipo Klarna o SeQura aumentan el ticket medio a cambio de una comisión bastante mayor, y hay que informar con claridad de sus condiciones. La transferencia no tiene comisión de pasarela pero retrasa el envío y pierde ventas por el camino, y el contra reembolso gusta a un perfil concreto de comprador pero lo cobra el transportista, tiene una tasa de rechazo alta y te deja con el paquete de vuelta.
Detalle técnico que no puedes saltarte: la normativa europea de servicios de pago obliga a la autenticación reforzada del cliente en la mayoría de operaciones con tarjeta. Si integras un método de pago por tu cuenta, asegúrate de que soporta ese flujo; si usas una pasarela conocida y actualizada, ya lo hace por ti.
Antes de elegir pasarela, haz este cálculo con tu ticket medio real: coge el precio típico de tu pedido, aplícale el porcentaje y súmale el fijo. Compara ese número con tu margen unitario. Si la respuesta te incomoda, el problema no es la pasarela, es que tu precio o tu tamaño de pedido no aguantan el modelo de venta a distancia.
Obligaciones legales de una tienda online en España
Esta es la parte que casi ningún artículo sobre tiendas gratuitas cubre y la que más problemas da. Vender por internet a consumidores en España te sitúa a la vez bajo la normativa fiscal, la de comercio electrónico, la de protección de datos y la de consumo. Va un repaso ordenado.
1. Alta en Hacienda: la declaración censal
Antes de la primera venta tienes que darte de alta en el censo de empresarios, profesionales y retenedores mediante la declaración censal, eligiendo el epígrafe del Impuesto sobre Actividades Económicas que corresponda a tu actividad (para una tienda online suele ser un epígrafe de comercio al por menor, y a veces conviene añadir el de comercio a distancia). Históricamente convivían el modelo 036 y una versión simplificada, el 037; la Agencia Tributaria ha ido reorganizando estos formularios, así que comprueba en su sede electrónica cuál está vigente el día que hagas el trámite. El alta censal no cuesta dinero, y las personas físicas y las entidades con cifra de negocios por debajo del umbral legal están exentas de cuota del IAE, aunque el alta censal sigue siendo obligatoria.
2. Seguridad Social: el RETA y el debate de la habitualidad
La norma establece la obligación de darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos cuando se ejerce una actividad económica a título lucrativo de forma habitual, personal y directa. El término discutido es «habitual»: la ley no fija un umbral de ingresos, y existen resoluciones judiciales que han considerado que quien obtiene ingresos muy reducidos no cumple el requisito de habitualidad, junto con otras que van en dirección contraria. La Seguridad Social, por su parte, mantiene el criterio de que la obligación nace con la actividad, no con el volumen.
Traducido a la práctica: no des por hecho que puedes vender sin cotizar porque ganes poco. Es un terreno con litigios y con sanciones por alta fuera de plazo. Habla con un asesor antes de empezar, pregunta por las bonificaciones vigentes para nuevas altas (existen cuotas reducidas iniciales cuyo importe y duración se revisan por norma) y por cómo funciona el sistema de cotización por ingresos reales, que obliga a estimar tu previsión y regularizar después.
3. IVA, recargo de equivalencia y ventas a otros países
Tus ventas a consumidores en España llevan IVA al tipo que corresponda al producto, y ese impuesto se declara periódicamente. Dos particularidades que sorprenden a mucha gente:
- El recargo de equivalencia es un régimen obligatorio para autónomos personas físicas que venden al por menor productos sin transformar. Cambia por completo tu forma de declarar y de facturar, y si te aplica no puedes optar por no aplicarlo. Es de las primeras cosas que hay que aclarar con la asesoría.
- Si vendes a consumidores de otros países de la Unión Europea, existe un umbral anual conjunto a partir del cual debes repercutir el IVA del país de destino, y para no registrarte en cada estado se usa el sistema de ventanilla única (OSS). Por debajo del umbral puedes seguir aplicando el IVA español, pero conviene llevar la cuenta desde el primer euro.
Añade a la conversación con tu asesor el calendario de la facturación electrónica entre empresas y de los requisitos de los sistemas informáticos de facturación, porque son normas cuyos plazos de entrada en vigor se han ido moviendo y afectan al programa con el que emitas tus facturas.
4. LSSI-CE: quién eres y dónde estás
La Ley 34/2002 de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico obliga a que cualquier web con actividad económica muestre de forma permanente, fácil, directa y gratuita unos datos identificativos: nombre o denominación social, NIF, domicilio, una dirección de correo electrónico y cualquier otro dato que permita una comunicación directa y efectiva, además de los datos de inscripción registral cuando proceda y la información sobre autorizaciones o colegiación si la actividad lo exige. En una tienda esto se materializa en el aviso legal, enlazado desde el pie de página de todas las páginas.
La misma ley regula las comunicaciones comerciales por correo electrónico: hacen falta consentimiento previo o una relación contractual anterior con productos similares, identificación clara de que se trata de publicidad y un procedimiento sencillo y gratuito para darse de baja en cada envío. Comprar bases de datos de correos para «lanzar la tienda» es una idea que sale cara.
5. RGPD y LOPDGDD: la privacidad
Desde que recoges un nombre y un correo estás tratando datos personales, y te aplican el Reglamento (UE) 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018. Lo que necesitas tener resuelto:
- Una política de privacidad accesible desde cualquier página y desde cada formulario, que explique quién trata los datos, para qué, con qué base legal, durante cuánto tiempo, a quién se comunican y cómo ejercer los derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación y portabilidad.
- La base legal de cada tratamiento. No es la misma para gestionar un pedido (ejecución del contrato) que para mandarte una promoción (consentimiento o interés legítimo, según el caso). Meter todo bajo una casilla única no cumple.
- Consentimiento separado para el boletín. Casilla sin marcar, acción afirmativa del usuario, y registro de cuándo y cómo se dio.
- El registro de actividades de tratamiento y los contratos de encargado con quienes tratan datos por tu cuenta: alojamiento, plataforma, herramienta de correo, transportista, gestoría.
- Un procedimiento por si hay una brecha de seguridad, que en determinados casos hay que notificar en un plazo muy corto.
6. Cookies: consentimiento previo y opción real de rechazar
El artículo 22.2 de la LSSI exige el consentimiento del usuario antes de instalar cookies que no sean estrictamente necesarias, incluidas las de analítica y las de publicidad. La guía de cookies de la Agencia Española de Protección de Datos aterriza cómo debe ser ese banner, y hay tres puntos donde falla la mayoría de tiendas nuevas:
- Rechazar tiene que ser tan fácil como aceptar: si hay un botón grande de «Aceptar todo», tiene que haber uno igual de accesible para rechazar, en la misma capa y con el mismo peso visual.
- Nada de consentimiento por seguir navegando ni por hacer scroll: eso dejó de valer hace años.
- Las cookies no necesarias no se cargan antes de que el usuario acepte. Un banner precioso sobre una analítica que ya está midiendo no sirve de nada.
Añade una política de cookies con el detalle de cuáles usas, para qué y cuánto duran, y una forma de cambiar la decisión más adelante. La analítica y los píxeles publicitarios de las plataformas de anuncios entran de lleno en esto.
7. Derecho de desistimiento: 14 días y un formulario
En la venta a distancia a consumidores, el comprador tiene 14 días naturales para desistir del contrato sin justificar el motivo y sin penalización, contados desde que recibe el producto (artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007). Esto es lo que hay que hacer bien:
- Informar antes de la compra de la existencia del derecho, del plazo y del procedimiento. Si no informas correctamente, el plazo se amplía doce meses más. Es la penalización más cara y la más fácil de evitar.
- Facilitar el formulario de desistimiento cuyo modelo figura como anexo del propio texto refundido. El cliente no está obligado a usarlo, pero tú sí a ponerlo a su disposición.
- Devolver todos los pagos recibidos, incluidos los gastos de envío del pedido inicial en la modalidad menos costosa que ofrezcas, sin demoras indebidas. Puedes retener el reembolso hasta recibir el producto o la prueba de su devolución.
- El coste de devolverlo puede ser del cliente, pero solo si se lo has informado con claridad antes de la compra. Si no, lo pagas tú.
- El cliente puede probar el producto como lo haría en una tienda física. Cláusulas del tipo «solo se admiten devoluciones con el precinto intacto y en su embalaje original» son ilegales con carácter general.
Hay excepciones tasadas en el artículo 103, y conviene conocerlas si te aplican: bienes confeccionados a medida o claramente personalizados, bienes que puedan deteriorarse con rapidez, productos precintados por razones de higiene o salud que se hayan desprecintado tras la entrega (hacen falta las dos condiciones), grabaciones y programas precintados, prensa periódica y servicios de alojamiento o transporte con fecha determinada. Fuera de esa lista, el derecho existe.
8. Garantía legal: tres años, no dos
Para las compras realizadas a partir del 1 de enero de 2022, la garantía legal de conformidad de los bienes es de tres años desde la entrega, tras la reforma que introdujo el Real Decreto-ley 7/2021. Los contenidos y servicios digitales tienen su propio régimen. Publicar «2 años de garantía» en las condiciones de venta es un error de plantilla extendidísimo que además juega en tu contra, porque promete menos de lo que la ley obliga y te expone a una reclamación.
Dentro de ese periodo, durante los primeros años se presume que la falta de conformidad ya existía en la entrega, y el consumidor puede pedir reparación o sustitución y, en determinados supuestos, rebaja del precio o resolución del contrato. La acción para reclamar tiene su propio plazo de prescripción, más largo que el de la garantía.
9. Precio total, condiciones de venta y plazos
El precio que muestras a un consumidor debe ser el precio total con impuestos incluidos, y los gastos adicionales de transporte o cualquier otro concepto deben estar claros antes de que el comprador quede vinculado. Si haces rebajas o promociones, la regla de anunciar como precio anterior el más bajo aplicado en los treinta días previos está en el artículo 20 de la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista, en la redacción que le dio el Real Decreto-ley 24/2021 al transponer la directiva europea conocida como Ómnibus. Un precio tachado permanente no es un precio de referencia.
Tus condiciones generales de contratación deben recoger, como mínimo, la identidad del vendedor, las características del producto, el precio total, los medios de pago, los plazos y modalidades de entrega, el derecho de desistimiento con su formulario, la garantía legal y el procedimiento de reclamación. Sobre la entrega, la norma fija que se realice sin demora indebida y, salvo pacto distinto, en un plazo máximo de treinta días. Anunciar un plazo que no puedes cumplir es la vía más rápida a las reclamaciones.
Ten en cuenta también que las hojas de reclamaciones son competencia autonómica y que hay obligaciones concretas según dónde tengas tu domicilio. Y si copias una plantilla antigua de condiciones, revisa las referencias a plataformas europeas de resolución de litigios en línea: ese servicio dejó de funcionar y el enlace que arrastran muchas plantillas ya no lleva a ninguna parte. Comprueba cuál es el mecanismo vigente antes de publicarlo.
| Norma | Qué te exige | Dónde se ve en tu tienda |
|---|---|---|
| Ley 34/2002 (LSSI-CE) | Datos identificativos accesibles y reglas para el correo comercial | Aviso legal enlazado en el pie y doble confirmación en el boletín |
| RGPD y LO 3/2018 | Información, base legal, derechos y contratos con proveedores | Política de privacidad y enlaces en cada formulario |
| Art. 22.2 LSSI y guía de la AEPD | Consentimiento previo de cookies con rechazo igual de fácil | Banner de cookies y política de cookies |
| RDL 1/2007, arts. 102-108 | 14 días naturales de desistimiento y formulario a disposición | Condiciones de venta, página de devoluciones y correo de confirmación |
| RDL 7/2021 | Garantía legal de 3 años en bienes | Condiciones de venta y página de garantía |
| Art. 20 Ley 7/1996 (RDL 24/2021) | Precio anterior anunciado = el más bajo de los 30 días previos | Fichas de producto en rebajas y promociones |
| Normativa fiscal | Alta censal, IVA y facturación conforme | Facturas, tickets y tipos aplicados en el carrito |
Muchas plataformas ofrecen generadores de textos legales. Sirven como punto de partida, pero léelos y adáptalos: un aviso legal que dice «Company Name S.L.» o unas condiciones traducidas del inglés con conceptos que no existen aquí son peores que no tener nada, porque demuestran que no has revisado lo que publicas.
Qué hacer después de pulsar «publicar»
El día que la tienda está online no has terminado: has empezado. Estas son las tareas que separan una tienda que vende de un escaparate vacío.
Catálogo y fichas de producto
Una ficha de producto que solo repite la descripción del fabricante no aporta nada y no posiciona. Escribe para quien duda: para quién es y para quién no, qué medida elegir, con qué es compatible, qué incluye la caja, cuánto pesa, cómo se cuida. Añade las preguntas que te llegan por mensaje, porque son exactamente las que otros compradores se están haciendo sin escribirte. Un título claro con el nombre real del producto y sus atributos rinde mucho mejor que un título creativo que nadie busca.
Fotos
Es la partida donde una tienda pequeña puede competir de tú a tú con una grande sin gastar. Con un teléfono actual, luz natural difusa junto a una ventana, un fondo neutro y un trípode improvisado se hacen fotos perfectamente vendibles. Haz siempre varias: el producto entero sobre fondo limpio, un detalle de la textura o el acabado, una foto con algo que dé escala y una en uso. Comprime las imágenes antes de subirlas y pon texto alternativo descriptivo, que ayuda a la accesibilidad y a que aparezcan en las búsquedas de imágenes.
Envíos
Decide y publica tres cosas: cuánto cuesta, cuánto tarda y qué pasa si algo va mal. Compara tarifas de varios transportistas y de los agregadores de envíos, que suelen dar mejores precios a volúmenes pequeños que la contratación directa. Piensa el umbral de envío gratuito con el margen en la mano, no por copiar al vecino: un envío gratuito por debajo de tu margen unitario es vender a pérdida con más pasos. Y calcula bien el embalaje, porque un producto que llega roto cuesta el producto, el porte de vuelta y el cliente.
Devoluciones
Ten un proceso escrito y visible: cómo se pide, qué plazo hay, quién paga el porte, en cuánto tiempo se reembolsa. Además de ser obligatorio informar, una política clara reduce las dudas antes de comprar y baja las reclamaciones después. Si te interesa profundizar en la parte operativa, el artículo sobre qué es la logística en ecommerce desarrolla la cadena completa desde el almacén hasta la devolución.
El tráfico no llega solo
Esta es la parte que más sorprende: publicar una tienda no genera visitas. Google no la conoce, nadie la ha enlazado y no hay ninguna razón para que aparezca ante nadie. El tráfico se construye por acumulación:
- Buscadores. Cada ficha y cada categoría debe responder a una búsqueda concreta que la gente hace. Los contenidos de apoyo (guías de uso, comparativas, resolución de dudas) atraen visitas que aún no están listas para comprar y las traen de vuelta cuando lo están. Es lento y compuesto: los resultados de lo que escribas este mes se ven dentro de varios.
- Correo. Empieza a construir tu lista desde el primer día con un incentivo honesto. Es el único canal cuyo acceso a tus clientes no depende del algoritmo de nadie.
- Redes. Elige una en la que ya esté tu público y publica con constancia en vez de abrir cinco perfiles y abandonarlos.
- Marketplaces como captación. Vender allí también te sirve para validar precios y descripciones que luego usarás en tu tienda.
- Publicidad. Acelera, no sustituye. Con la tienda a medio hacer, la publicidad solo consigue que más gente vea algo que todavía no convierte.
- Fidelización. Es más barato que volver a comprar una visita nueva; aquí explicamos cómo montar un programa de lealtad sin complicarte.
Medir
Instala una analítica respetuosa con el consentimiento y mira cuatro cosas antes que ninguna otra: de dónde llega la gente, qué páginas ve, dónde abandona el proceso de compra y cuánto vale un pedido medio. Con eso ya puedes decidir. Y si vas a hacer un ejercicio de estrategia antes de invertir, el análisis DAFO aplicado al ecommerce ayuda a ordenar por dónde empezar.
Errores que hunden una tienda nueva
- Empezar por la plataforma en vez de por el producto. Nadie compra una tienda; compran algo concreto. Si no tienes claro qué vendes, a quién y por qué a ti, la elección de plataforma es lo de menos.
- Subir cien productos antes de vender uno. Un catálogo enorme y descuidado convierte peor que diez fichas bien hechas.
- Copiar las descripciones del proveedor. Tu tienda acaba siendo idéntica a otras cincuenta y no tienes ninguna razón que dar para que te compren a ti.
- Precio sin margen. Calcula coste del producto, envío, embalaje, comisión de la pasarela, devoluciones e impuestos antes de fijar el precio de venta. Muchas tiendas descubren tarde que su producto estrella no deja dinero.
- Textos legales copiados sin leer. Aparte del riesgo de sanción, el visitante nota inmediatamente cuando el pie de página no habla de ti.
- Prometer plazos de entrega imposibles. Cumplir con lo que anuncias vale más que anunciar el plazo más rápido.
- No tener respuesta de atención. Un correo que nadie lee o un formulario que no llega a ninguna parte es una venta perdida por cada consulta.
- Abandonar a los tres meses. Es el error más caro. El posicionamiento y la confianza se construyen con tiempo, y casi todo el mundo se rinde justo antes de que empiece a moverse.
Un plan de 30 días para abrir sin gastar de más
Un orden de trabajo que funciona bien cuando empiezas solo y con poco dinero:
Semana 1: decidir. Define qué vendes, a quién y con qué margen. Comprueba que hay gente buscando eso. Registra el dominio (mira el precio de renovación) y reserva el nombre en las redes que vayas a usar. Pide cita con un asesor fiscal para aclarar alta censal, epígrafe, régimen de IVA y tu situación con el RETA antes de facturar nada.
Semana 2: montar. Elige la vía (constructor o autoalojado) y monta la estructura: portada, categorías, página de contacto, página de envíos y devoluciones. Fotografía y describe tus cinco productos principales, sin pasar de ahí. Configura el correo con tu dominio y sus registros de autenticación.
Semana 3: legal y pagos. Redacta y publica aviso legal, política de privacidad, política de cookies y condiciones de venta, adaptados a tu caso y con el desistimiento y la garantía correctos. Instala el banner de cookies con rechazo real. Abre la cuenta de la pasarela y termina la verificación de identidad, que suele tardar más de lo previsto. Haz una compra de prueba de principio a fin, incluida una devolución de prueba.
Semana 4: abrir y medir. Publica, envía la tienda a los buscadores, cuéntaselo a tu entorno y consigue los primeros pedidos aunque sean de conocidos: te van a enseñar todo lo que falla. Revisa la analítica, corrige las fichas con las preguntas que te lleguen y planifica el contenido del mes siguiente. Si andas corto de ideas de producto, aquí tienes dónde encontrar ideas para vender online.
El objetivo del primer mes no es facturar: es tener un circuito completo que funcione de principio a fin (visita, ficha, carrito, cobro, envío, factura, devolución). Con ese circuito montado, escalar es repetir. Sin él, cada venta nueva es un incendio.
Preguntas frecuentes sobre cómo crear una tienda online gratuita
¿Se puede crear una tienda online totalmente gratis?
Puedes conseguir que el software no te cueste nada, con una plataforma de código abierto o con un plan gratuito de un constructor alojado. Lo que no es gratis es el conjunto: el dominio se paga cada año, la pasarela de pago se queda un porcentaje más una cantidad fija en cada cobro y, si eliges la vía autoalojada, hay alojamiento. Puedes empezar sin cuota de plataforma, pero no sin ningún gasto.
¿Cuál es el gasto mínimo realista para abrir una tienda online?
En el escenario más austero, el dominio anual y las comisiones de la pasarela por cada venta. Si además quieres correo con tu propio dominio y una plataforma autoalojada, súmale el alojamiento. Los importes cambian con frecuencia según registrador, proveedor y proveedor de pagos, así que compruébalos el día que vayas a contratar en lugar de fiarte de una tabla de precios de un artículo.
¿Necesito darme de alta como autónomo para vender online?
Para facturar necesitas al menos el alta censal en Hacienda con el modelo correspondiente. Sobre la Seguridad Social, la norma exige el alta en el RETA cuando ejerces una actividad económica de forma habitual, personal y directa a título lucrativo. La habitualidad es un concepto discutido y hay resoluciones judiciales en distintos sentidos cuando los ingresos son muy bajos, pero no existe un umbral legal que te exima de forma automática. Consúltalo con un asesor antes de vender.
¿Qué textos legales tiene que llevar mi tienda online?
Como mínimo: aviso legal con los datos identificativos que exige el artículo 10 de la Ley 34/2002 (LSSI-CE), política de privacidad conforme al RGPD y la LOPDGDD, política de cookies con un banner que permita rechazar con la misma facilidad con la que se acepta, y condiciones generales de contratación donde figuren el precio total con impuestos, los gastos de envío, los plazos de entrega, el derecho de desistimiento y la garantía legal.
¿Cuántos días tiene un cliente para devolver un producto comprado online?
Catorce días naturales desde que recibe el producto, sin necesidad de justificar el motivo, según los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Si no informas correctamente de ese derecho antes de la compra, el plazo se amplía doce meses. Hay excepciones tasadas en el artículo 103, como los bienes hechos a medida o personalizados.
¿Cuánto dura la garantía legal de los productos que venda?
Tres años desde la entrega para los bienes, según la redacción que dio el Real Decreto-ley 7/2021 al texto refundido de consumidores, aplicable a las compras posteriores al 1 de enero de 2022. Los contenidos y servicios digitales de suministro puntual tienen un plazo distinto. Publicar dos años en tus condiciones es un error frecuente de plantilla.
¿Qué se lleva una pasarela de pago por cada venta?
El modelo habitual es un porcentaje del importe más una cantidad fija por operación, con recargos si la tarjeta es de fuera de la Unión Europea o si es una tarjeta corporativa. El TPV virtual de un banco suele añadir cuota de mantenimiento. Las tarifas cambian a menudo y dependen de tu volumen, así que pide condiciones por escrito antes de integrar nada.
¿Es mejor un constructor alojado o WooCommerce autoalojado?
Depende de con qué prefieras pagar. El constructor alojado te cobra una cuota y te ahorra mantenimiento, actualizaciones y copias de seguridad. WooCommerce o PrestaShop te dan control total y coste de software cero, pero el mantenimiento, la seguridad y las copias pasan a ser tuyos. Si no tienes tiempo ni alguien que te lleve la parte técnica, el constructor suele salir más barato en horas.
¿Puedo empezar vendiendo por Instagram o WhatsApp antes de montar la tienda?
Sí, y es una forma razonable de validar si tu producto interesa antes de invertir. Ten en cuenta dos cosas: las obligaciones fiscales y de consumo son las mismas cuando vendes a distancia, y el cliente y la conversación viven en una plataforma que no controlas. Úsalo como primer paso, no como destino final.
¿Vender en un marketplace en vez de tener tienda propia?
El marketplace te da tráfico desde el primer día y te cobra por ello una comisión por venta bastante superior a la de una pasarela, además de quedarse con la relación con el cliente. Funciona bien como canal adicional o como prueba de mercado; funciona mal como única casa, porque cualquier cambio de sus reglas te afecta de lleno.
¿Necesito certificado SSL y cuánto cuesta?
Sí, cualquier web que reciba datos personales o pagos debe servirse por HTTPS. En la práctica casi todos los alojamientos y todos los constructores alojados incluyen un certificado gratuito de tipo Let's Encrypt que se renueva solo. Solo necesitarás uno de pago en casos concretos, y para una tienda pequeña no suele hacer falta.
¿Por qué mi tienda no vende si ya está publicada?
Porque publicar no genera visitas. Una tienda nueva no tiene autoridad en buscadores, ni lista de correo, ni recomendaciones. El tráfico se construye con fichas de producto trabajadas para búsquedas concretas, contenido que responda dudas reales, presencia en los sitios donde ya está tu público y, si hay presupuesto, publicidad medida. Cuenta con meses, no con días.
Para cerrar
Crear una tienda online gratuita es posible si entiendes qué significa «gratuita»: cero coste de software, no cero coste. La buena noticia es que el gasto fijo real de arrancar es pequeño y que el resto es variable, así que puedes probar sin arriesgar mucho. La menos buena es que la parte que no se ve (el alta fiscal, tu situación con la Seguridad Social, los textos legales, el desistimiento, la garantía y las cookies) es obligatoria desde la primera venta, no cuando el negocio crezca.
Si tienes que quedarte con tres decisiones: registra tu propio dominio desde el principio, elige la vía que puedas mantener con las horas que de verdad tengas, y siéntate con un asesor antes de facturar el primer euro. Lo demás se corrige sobre la marcha.
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