El posicionamiento SEO no tiene una tarifa de mercado publicada y comparable, y quien te dé una cifra antes de mirar tu web te está vendiendo un paquete, no un servicio. El precio sale de sumar horas de perfiles distintos, producción de contenido, trabajo de desarrollo, acciones de autoridad, licencias de herramientas de datos y gestión del proyecto. Por eso dos presupuestos con el mismo importe mensual pueden contener cantidades de trabajo radicalmente distintas, y por eso la pregunta útil no es «cuánto cuesta el SEO» sino «qué estoy comprando exactamente por este importe».
Esta guía está escrita al revés de como se escriben casi todas. No vas a encontrar aquí una tabla de tarifas de mercado, porque no la hay: lo que circula por ahí como «precios medios del SEO en España» son cifras que cada web copia de la anterior sin ninguna fuente detrás. Lo que sí vas a encontrar es la estructura del coste, los factores que la mueven, los modelos de contratación con sus riesgos reales, la lista de lo que debe llevar un presupuesto para que puedas ponerlo al lado de otro, las señales de que una propuesta es mala y el método para comprobar con tus propios datos si la inversión está devolviendo algo.
Un presupuesto de SEO sin desglose de horas y sin alcance escrito no es un presupuesto: es un número. Y los números sueltos no se pueden comparar entre sí.
Por qué no publicamos una tabla de precios de mercado
Es la pregunta que más se busca y la que más contenido inventado ha generado. Las tablas del tipo «SEO local: de tanto a tanto al mes; SEO nacional: de tanto a tanto» se reproducen por decenas de blogs sin que nadie explique de dónde salen los números. No proceden de ninguna estadística oficial ni de ningún observatorio de precios: proceden de la tabla del blog anterior.
Hay tres razones de fondo por las que esa tabla no puede existir de forma honesta. La primera es que el SEO no tiene unidades homogéneas. Un mes de SEO no es una unidad de nada: puede ser cuarenta horas de trabajo senior o cuatro horas de becario y un informe automático. Comparar dos «meses de SEO» es como comparar dos «obras de reforma» sin saber los metros cuadrados ni los materiales.
La segunda es que el mismo trabajo tiene costes muy distintos según quién lo haga y desde dónde. La estructura de costes de un profesional autónomo, de un estudio de tres personas y de una agencia con equipo de contenido, desarrollo y análisis no se parecen, y ninguna de las tres es intrínsecamente mejor: dependen del tamaño y de la complejidad de lo que necesites.
La tercera es que publicar rangos inventados hace daño a quien los lee. Si llegas a una reunión convencido de que «esto vale tanto» porque lo has leído en un blog, vas a descartar propuestas buenas por caras y a aceptar propuestas malas por baratas, sin haber mirado en ningún momento lo único que importa: qué trabajo concreto va a hacer cada una sobre tu web. Si quieres saber lo que cuesta tu caso, la vía es pedir presupuestos desglosados. Nuestros planes y su alcance están publicados en la web, y cualquier propuesta concreta parte de mirar antes tu proyecto.
Las siete partidas que componen el precio de un servicio SEO
Todo presupuesto de posicionamiento, se presente como se presente, es la suma de estas siete cosas. Cuando compares propuestas, lo que tienes que averiguar es cuánto pesa cada partida en cada una. Dos agencias pueden pedir un importe idéntico y estar vendiéndote cosas casi opuestas: una, mucho contenido y poca técnica; otra, mucha técnica y ningún contenido.
1. Diagnóstico y auditoría técnica
Es el trabajo de entender qué pasa con tu web antes de tocarla: rastrear el sitio entero, ver qué URLs existen de verdad frente a las que crees que existen, detectar duplicados, cadenas de redirecciones, paginaciones mal resueltas, contenido que Google no puede leer porque depende de JavaScript, etiquetas canónicas cruzadas, páginas bloqueadas por error y plantillas que generan miles de URLs sin valor. Incluye revisar la indexación real en Search Console y contrastarla con el rastreo propio.
Es una partida intensiva en horas de perfil senior y ligera en producción. Suele concentrarse al principio del proyecto y volver de forma periódica, porque una web viva genera problemas nuevos cada vez que se publica una plantilla o se cambia el gestor de contenidos. Un servicio que no la incluye y va directo a publicar artículos está construyendo sobre un terreno que no ha mirado.
2. Arquitectura, taxonomía y enlazado interno
Decidir qué páginas deben existir, cómo se agrupan, qué intención cubre cada una y cómo se enlazan entre sí. En un ecommerce esto significa diseñar el árbol de categorías, subcategorías y filtros indexables; en una web de servicios, decidir si haces una página por servicio, por servicio y ciudad, o por problema del cliente; en un medio, definir los conjuntos temáticos y las páginas pilar.
Es la partida con mayor efecto por hora invertida y también la más ingrata, porque no produce nada visible: no hay artículos que enseñar en la reunión de seguimiento. También es la que más fricción genera, porque suele implicar cambiar el menú, fusionar páginas que alguien defendió en su día y aceptar que parte del contenido existente sobra.
3. Producción de contenido
Investigación de la demanda, definición de qué responde cada página, redacción, revisión por alguien que sepa del tema, maquetación, imágenes y publicación. Aquí está el grueso del coste variable de la mayoría de proyectos, y aquí es donde más se disfraza el precio: producir una página de servicio que tiene que convencer y convertir no cuesta lo mismo que producir una entrada de blog informativa, y ninguna de las dos se factura razonablemente por número de palabras.
En sectores donde hace falta conocimiento técnico real —salud, derecho, finanzas, industria— el contenido tiene que pasar por alguien con criterio, y ese perfil cuesta. Un presupuesto que ofrece mucho contenido muy barato está diciendo, sin decirlo, que nadie con conocimiento del sector va a leerlo antes de publicarlo.
4. Autoridad y enlaces
Conseguir que otros sitios enlacen al tuyo por una razón. Va desde crear recursos que merezcan enlace (datos propios, herramientas, guías de referencia) hasta contacto con medios y publicaciones sectoriales, presencia en asociaciones y directorios que existan de verdad, y colaboraciones editoriales. Consulta la guía de estrategias de link building para el detalle de cada vía.
Es la partida más opaca del mercado y la que más se abusa. La forma sana de presupuestarla es por horas de trabajo y criterio de selección; la forma insana es por número de enlaces, que convierte el trabajo en una compra de unidades y garantiza que se comprarán las más baratas.
5. Desarrollo y aplicación de los cambios
Alguien tiene que llevar las recomendaciones al código, a la plantilla o al gestor de contenidos. Esta partida es la que más presupuestos hunde, porque muchas propuestas la dejan fuera sin decirlo: la agencia entrega un documento con cincuenta correcciones y el cliente descubre que necesita contratar aparte a un desarrollador para aplicarlas, o que su proveedor de la web cobra por cada cambio.
Antes de firmar, pregunta explícitamente quién ejecuta. Las tres respuestas posibles —lo hace la agencia con acceso a tu web, lo hace tu equipo, o lo hace un tercero— tienen precios y plazos completamente distintos, y la diferencia entre un presupuesto y otro suele estar aquí y no en la tarifa horaria.
6. Herramientas y datos
Rastreadores, plataformas de datos de búsqueda, seguimiento de posiciones, análisis de registros del servidor, herramientas de medición de rendimiento. Son licencias recurrentes con precio de lista público, que un proveedor suele repercutir de forma prorrateada entre sus clientes. Hay parte del trabajo que se puede hacer con herramientas SEO gratuitas, empezando por Search Console, que es gratuita, oficial y contiene los únicos datos de rendimiento en búsqueda que son tuyos de verdad.
Lo que debes exigir es claridad sobre dos puntos: qué herramientas se usan y quién es el titular de las cuentas de tu proyecto. Si el seguimiento vive dentro de una cuenta de la agencia a la que no tienes acceso, el día que cambies de proveedor pierdes el histórico.
7. Gestión, coordinación y reporting
Reuniones, priorización, coordinación entre contenido, desarrollo y negocio, preparación de informes y respuesta a lo que va apareciendo. Es una partida real que existe en cualquier servicio profesional y que hay que ver desglosada: si no aparece, está escondida dentro de otra, y no sabes cuánto de lo que pagas se va en coordinación frente a en trabajo sobre la web.
Qué mueve el precio: los seis factores que cambian el alcance
Cuando dos presupuestos se separan mucho, casi nunca es porque una agencia cobre el doble por hora. Es porque están proponiendo cantidades de trabajo distintas. Estos son los factores que determinan cuánto trabajo hace falta.
Competencia del sector
Es el factor dominante. Posicionar un taller de reparación de electrodomésticos en una ciudad mediana y posicionar un comparador de seguros a nivel nacional son actividades que comparten el nombre y poco más. En sectores donde los competidores llevan años invirtiendo, tienen equipos internos y publican a diario, el listón de calidad y de volumen para entrar es mucho más alto, y eso se traduce en horas.
Una forma práctica de estimarlo sin herramientas de pago: busca en Google las diez consultas que más te importan y mira quién sale. Si los diez primeros resultados son medios nacionales, portales verticales grandes y marcas con presupuesto, sabes que el esfuerzo será alto. Si aparecen webs de empresas de tu tamaño y algún directorio, el terreno es abordable.
Estado de partida de tu web
Una web recién hecha, limpia y sin histórico necesita empujar; una web con diez años, tres migraciones a la espalda, dos gestores de contenidos superpuestos y URLs duplicadas necesita primero limpiar. El segundo caso es más caro en los primeros meses y, en ocasiones, ni siquiera es un trabajo de SEO: es un trabajo de desarrollo con criterio de SEO.
Si tu web arrastra una penalización manual, contenido copiado de proveedores, o una plantilla que genera decenas de miles de URLs de filtros, el presupuesto realista incluye una fase previa que no va a producir crecimiento inmediato y que hay que hacer igualmente.
Tamaño del catálogo y número de URLs
No cuesta lo mismo trabajar cuarenta páginas que cuarenta mil. Con catálogos grandes el trabajo deja de ser página a página y pasa a ser de plantillas, reglas y automatización, lo que cambia el tipo de perfil que hace falta: menos redacción y más análisis y desarrollo. También cambia el modo de medir, porque las mejoras se miden por grupos de URLs y no por posiciones sueltas.
Ambición geográfica e idiomática
Cada mercado nuevo multiplica el trabajo: contenido en el idioma correspondiente, etiquetas de idioma y región bien puestas, adaptación a la competencia local y, con frecuencia, decisiones de dominio o de subcarpeta que hay que tomar antes de escribir una línea. El SEO local tiene su propia lógica de coste: la ficha de empresa, las reseñas, las citaciones y las páginas por ubicación. Cada ubicación adicional suma trabajo de contenido y de fichas, no lo diluye.
Velocidad a la que quieres avanzar
El mismo plan ejecutado en seis meses o en dieciocho tiene el mismo coste total aproximado, pero un coste mensual muy distinto. Aquí es donde se puede ajustar de verdad un presupuesto sin degradar la calidad: en vez de recortar la calidad de cada pieza, se reduce el ritmo. Un plan más lento y bien hecho es preferible a un plan rápido hecho a medias.
Quién ejecuta los cambios
Ya se ha mencionado como partida, pero merece figurar como factor porque es la causa más frecuente de que un proyecto se atasque. Si tu web solo la puede tocar un proveedor externo con cola de trabajo de semanas, las recomendaciones se acumulan sin aplicarse y estás pagando una iguala para producir documentos. Resolver ese cuello de botella antes de contratar vale más que negociar un descuento.
Modelos de contratación: quién asume el riesgo en cada uno
La forma de facturar no es un detalle administrativo: determina qué incentivos tiene tu proveedor y, por lo tanto, qué trabajo va a hacer. Esta es la comparación de los cuatro modelos habituales.
| Modelo | Qué compras | Cuándo encaja | Riesgo real |
|---|---|---|---|
| Iguala mensual | Un equipo disponible y un ritmo de trabajo sostenido | Proyectos que necesitan publicación, corrección y medición continuas durante meses | Pagar por actividad y no por avance; que la iguala se convierta en rutina sin plan |
| Proyecto cerrado | Un entregable definido con principio y final | Auditorías, migraciones, reestructuración de categorías, internacionalización | Que el entregable sea un documento que nadie aplica; ampliaciones de alcance no previstas |
| Bolsa de horas | Acceso a criterio experto cuando lo necesitas | Empresas con equipo interno que solo necesitan dirección y revisión | Que las horas se consuman en reuniones; que nadie ejecute lo acordado |
| Pago por éxito | Traslado del riesgo al proveedor | Solo como parte variable pequeña sobre una métrica de negocio bien definida | Incentivos desalineados, atajos, discusión de atribución y abandono si la métrica no se mueve |
Iguala mensual
Es el modelo más extendido porque el SEO es un trabajo continuo: se publica, se mide, se corrige y se vuelve a publicar. Su ventaja es la previsibilidad para las dos partes y la continuidad del criterio. Su punto débil es que puede degenerar en una cuota fija a cambio de un informe mensual.
Se controla con dos exigencias sencillas y perfectamente razonables: un plan trimestral con las tareas comprometidas y un parte de horas o de tareas ejecutadas cada mes. Si un proveedor se niega a decir en qué se han ido las horas que le pagas, es un problema de transparencia, no de metodología.
Proyecto cerrado
Encaja perfectamente cuando el trabajo tiene un final claro. Una auditoría, una migración de dominio, la reestructuración de un árbol de categorías o la puesta en marcha de una versión en otro idioma son trabajos con alcance definible y, por tanto, presupuestables a precio cerrado.
El riesgo clásico es el informe que se queda en un cajón. Para evitarlo, incluye en el mismo contrato la fase de acompañamiento en la aplicación de los cambios y una revisión posterior, o pacta desde el principio que el entregable no es el documento sino los cambios aplicados y comprobados.
Bolsa de horas
Compras criterio, no ejecución. Funciona bien si tienes equipo propio que hace el trabajo y necesitas a alguien que priorice, revise y desatasque. Es el modelo natural de una consultoría SEO puntual. Funciona mal si lo contratas esperando que alguien haga el trabajo por ti: las horas se van en explicar lo que habría que hacer.
Pago por éxito: por qué suena bien y por qué casi siempre sale mal
«Solo me pagas si consigo resultados» es la propuesta más atractiva del mercado y la que más conviene mirar despacio. La idea es sana —alinear intereses— pero su aplicación al SEO tropieza con cuatro problemas que no son de mala fe, sino de diseño del incentivo.
En cuanto el cobro depende de una métrica concreta, el trabajo deja de optimizar tu negocio y pasa a optimizar esa métrica. Y esas dos cosas casi nunca coinciden.
Primero, empuja hacia lo fácil. Si se cobra por posiciones conseguidas, la lista de palabras clave objetivo tenderá a llenarse de términos poco competidos y de escaso valor comercial, que se posicionan pronto y no venden nada. Es racional para quien cobra por ellos y perjudicial para ti.
Segundo, premia el atajo. Cuando el ingreso depende de mover una métrica rápido, las técnicas que dan movimiento inmediato con riesgo acumulado ganan peso frente a las que construyen despacio. El riesgo se queda en tu dominio mucho después de que la relación comercial termine.
Tercero, convierte la atribución en un conflicto. El tráfico orgánico sube y baja por cambios de algoritmo, estacionalidad, campañas de marca, notas de prensa, competidores que desaparecen y actualizaciones de la propia web hechas por tu equipo. Discutir cada mes qué parte de la subida se debe al trabajo contratado es una fuente inagotable de fricción, y quien tiene los datos suele ser el proveedor.
Cuarto, desatiende lo que no puntúa. Tareas necesarias que no mueven la métrica pactada a corto plazo —limpiar contenido obsoleto, arreglar redirecciones, mejorar plantillas, retirar páginas que canibalizan— se quedan sin hacer porque no cobran.
Si aun así quieres una parte variable, hazlo bien: que sea una porción menor sobre una base fija que cubra el trabajo, que se calcule sobre una métrica de negocio (oportunidades cualificadas, pedidos) y no sobre posiciones, que el método de medición esté escrito en el contrato con la fuente de datos concreta, y que exista un periodo de referencia previo acordado por ambas partes. Y desconfía del modelo puramente a éxito sin base fija: nadie sostiene meses de trabajo sin cobrar salvo que esté haciendo muy poco trabajo o esté cargando el coste en otro sitio.
Costes de arranque, costes recurrentes y costes que no puedes cortar
Un error habitual al planificar el presupuesto es tratarlo todo como gasto mensual uniforme. En realidad hay tres naturalezas distintas, y confundirlas lleva a decisiones malas cuando llega el momento de recortar.
| Naturaleza | Ejemplos | Qué pasa si lo cortas |
|---|---|---|
| Arranque (una vez) | Auditoría inicial, definición de arquitectura, corrección de deuda técnica acumulada, migración | No se corta: si no se hace, todo lo demás se construye sobre un fallo estructural |
| Recurrente productivo | Contenido nuevo, actualización de páginas existentes, acciones de autoridad | Lo publicado sigue funcionando un tiempo, pero se deja de ganar terreno nuevo |
| Recurrente de mantenimiento | Vigilancia de indexación y errores, revisión tras despliegues, control de contenido obsoleto | Los problemas se acumulan en silencio y aparecen de golpe meses después |
| Licencias y accesos | Herramientas de rastreo y de datos de búsqueda, alojamiento, entorno de pruebas | Se pierde visibilidad sobre lo que ocurre; parte se cubre con Search Console, que es gratuita |
| Coste interno | Tu tiempo y el de tu equipo: aprobaciones, accesos, desarrollo, revisión legal | El proyecto se para aunque la factura externa siga llegando |
La lectura práctica de esta tabla es que, si tienes que ajustar, se ajusta el recurrente productivo bajando el ritmo, nunca el de mantenimiento ni el de arranque. Publicar menos páginas de mejor calidad es una decisión defendible. Dejar de vigilar la indexación para ahorrar unas horas al mes es cómo se llega a descubrir en octubre que media web dejó de indexarse en junio.
El coste que no aparece en ningún presupuesto: tu tiempo
Es la partida que hunde más proyectos y la única que no factura nadie. Cuando contratas SEO, tu organización tiene que aportar cosas que ninguna agencia puede aportar por ti.
Accesos y permisos. Search Console, la analítica, el gestor de contenidos, el servidor, el repositorio si lo hay, la ficha de empresa. Conseguir estos accesos en una empresa con procesos de seguridad puede llevar semanas, y sin ellos el trabajo no arranca.
Aprobación de contenidos. Alguien de tu lado tiene que leer y aprobar lo que se publica. Si ese alguien es el director general y solo tiene un hueco cada tres semanas, tu ritmo de publicación real será ese, por mucho que el contrato diga otra cosa. Es la causa número uno de igualas que producen menos de lo pactado, y la culpa rara vez es del proveedor.
Conocimiento de producto y de cliente. Las objeciones reales de tus compradores, los detalles técnicos que os diferencian, las preguntas que llegan al servicio de atención: eso está en tu empresa, no en internet. Media hora de entrevista con tu comercial vale más que veinte horas de investigación externa, y hay que reservarla.
Desarrollo. Si los cambios los aplica tu equipo técnico, esas horas son coste del proyecto aunque no aparezcan en la factura de la agencia. Conviene estimarlas y reservarlas desde el principio, con un responsable identificado.
Revisión legal o de cumplimiento. En banca, seguros, salud, farmacia o alimentación, todo texto público pasa por revisión. Ese paso alarga los plazos de forma sistemática y hay que meterlo en el calendario desde el día uno.
Antes de firmar nada, nombra a una persona responsable del proyecto por tu parte, con horas semanales reservadas de verdad. Un proyecto sin interlocutor con tiempo es dinero que se va.
Qué debe incluir un presupuesto de SEO para que puedas compararlo
Esta es la lista con la que puedes poner tres propuestas encima de la mesa y saber cuál te conviene, en lugar de mirar el importe final y elegir el del medio.
Alcance escrito con cantidades. No «optimización de contenido» sino cuántas páginas, de qué tipo y con qué profundidad. No «link building» sino qué acciones y con qué criterio de selección.
Desglose de horas por perfil. Cuántas horas de estrategia, de técnica, de contenido, de desarrollo y de gestión. Es el dato que permite comparar de verdad dos importes iguales.
Quién ejecuta los cambios en la web. Por escrito y sin ambigüedad, con el mecanismo concreto: acceso al gestor, pases a un entorno de pruebas, tickets a tu proveedor.
Herramientas y titularidad de las cuentas. Qué se usa, quién lo paga y a nombre de quién están Search Console, la analítica y cualquier panel del proyecto. Deben estar a tu nombre con acceso para el proveedor, nunca al revés.
Reporting y reuniones. Qué informe, con qué periodicidad, con qué métricas y con cuántas reuniones incluidas. Un informe útil habla de tráfico y de conversiones, no solo de posiciones.
Plazo, permanencia y preaviso. Duración mínima si la hay, cómo se sale y con cuánta antelación. Una permanencia moderada es razonable en un trabajo de recorrido largo; una permanencia larga con penalización fuerte por salir es una forma de asegurar ingresos, no calidad.
Propiedad de lo producido. Los textos, las imágenes, los datos y los documentos deben quedar tuyos al terminar. Conviene que el contrato lo diga.
Impuestos. Si el importe es con impuestos incluidos o sin ellos. Parece obvio y es una de las diferencias más frecuentes entre dos propuestas que «cuestan lo mismo»: el tipo general del IVA en España es del 21 %, y una propuesta con impuestos y otra sin ellos no son comparables tal cual.
Qué queda expresamente fuera. La lista de exclusiones es tan informativa como la de inclusiones. Diseño, desarrollo, traducciones, fotografía, publicidad de pago y licencias de terceros suelen ir aparte.
Señales de un presupuesto malo
No hace falta ser especialista para detectar una propuesta que va a salir cara sea cual sea su importe. Estas son las señales que se repiten.
Paquetes cerrados de «X enlaces al mes»
Facturar enlaces por unidades convierte una labor de criterio en una compra de mercancía. Si el proveedor tiene que entregar un número fijo cada mes cueste lo que cueste, acabará entregando los que consiga al menor coste, que son exactamente los que no quieres. Pregunta siempre por el criterio de selección y por si vas a poder ver y aprobar la lista de sitios.
Garantías de posición o de plazo
Nadie controla el algoritmo de Google ni lo que hagan tus competidores. La propia documentación de Google sobre cómo contratar a un profesional de SEO advierte de que nadie puede garantizar el primer puesto. En términos jurídicos, un contrato de posicionamiento es un arrendamiento de servicios —obligación de medios— y no de obra: se compromete diligencia, no resultado. Una garantía de posición por escrito no es un signo de confianza, es una promesa que no se puede cumplir y que puede encajar en los actos de engaño de la Ley 3/1991 de Competencia Desleal.
Ojo también con la variante encubierta: garantizar posiciones para términos que ya casi tienes, o para consultas que solo busca quien ya conoce tu marca. Se cumple la garantía y no cambia nada en tu negocio.
Informes de posiciones sin tráfico ni ingresos
Un informe con cien palabras clave en verde y ninguna cifra de clics, sesiones o conversiones es un informe decorativo. Las posiciones fluctúan, dependen del dispositivo, de la ubicación y del historial del usuario, y una posición alta en una consulta que nadie busca no aporta nada. Exige que el informe empiece por clics orgánicos y conversiones y que las posiciones sean un apoyo, no el titular. La guía sobre cómo calcular el ROI del SEO desarrolla este punto.
Contenido facturado por número de palabras
Pagar por palabra premia el relleno y castiga la síntesis. La unidad razonable es la pieza, definida por lo que tiene que resolver: una página de servicio que convierte, una comparativa útil, una guía de referencia. Si la propuesta habla de «artículos de 1.500 palabras» sin decir qué resuelve cada uno, estás comprando volumen.
Cuentas de medición a nombre del proveedor
Si la agencia crea Search Console y la analítica con su propio correo y no te da propiedad, el día que os separéis te quedas sin histórico. Es un detalle administrativo con consecuencias grandes y se arregla en cinco minutos al principio.
Propuestas idénticas para negocios distintos
Si la propuesta que recibes podría enviarse tal cual a cualquier otra empresa cambiando el logotipo, nadie ha mirado tu web. Una propuesta seria contiene, como mínimo, observaciones concretas sobre tu sitio que solo se pueden hacer habiéndolo abierto.
Cómo medir el retorno con los datos que ya tienes
No necesitas contratar nada para saber si el SEO te está devolviendo algo. Con Search Console y tu herramienta de analítica tienes lo necesario, siempre que montes la medición antes de empezar y no después.
Guarda una línea base antes de firmar
Exporta de Search Console los últimos doce meses de clics, impresiones, posición media y páginas de entrada, y de tu analítica las sesiones orgánicas y las conversiones del mismo periodo. Guárdalo fuera de las plataformas, en una hoja de cálculo. Sin ese punto de partida, cualquier discusión posterior sobre resultados será una discusión de opiniones.
Separa marca de no marca
Las búsquedas de tu propio nombre suben cuando haces publicidad, cuando sales en prensa o cuando repartes tarjetas, y no las gana el SEO. Filtra en Search Console las consultas que contienen tu marca y míralas aparte. El indicador que refleja el trabajo de posicionamiento es la evolución de las consultas sin marca.
Mide por grupos de páginas, no por posiciones sueltas
Agrupa las URLs por tipo —categorías, fichas, páginas de servicio, blog, páginas por ciudad— y mira la evolución de clics de cada grupo. Así ves qué parte del trabajo está funcionando y cuál no, en lugar de celebrar o lamentar el movimiento de una palabra clave concreta.
Cierra el círculo hasta el negocio
El tráfico no paga facturas. Marca en tu CRM o en tu hoja de seguimiento el origen de cada oportunidad y de cada pedido, aunque sea preguntando al cliente. Con eso puedes calcular el coste por oportunidad procedente de búsqueda orgánica sumando lo que pagas al proveedor más el coste interno estimado, y compararlo con el coste por oportunidad de tus canales de pago. Esa comparación, hecha con tus números y no con los de nadie más, es la que debe decidir si continúas, subes o bajas la inversión.
Compara con la publicidad de pago sin trampas
Es tentador valorar el tráfico orgánico multiplicándolo por lo que costaría comprarlo en anuncios. Es un ejercicio orientativo, no una cifra de ahorro: el tráfico orgánico y el de pago no se comportan igual, ni convierten igual, ni son intercambiables consulta a consulta. Si quieres el detalle de esa comparación, está en el artículo sobre Google Ads frente a SEO. La regla sana es comparar canales por coste por oportunidad real y por su papel en el conjunto, no por un valor teórico de tráfico.
Fija los momentos de revisión desde el principio
Acordad por escrito cuándo se revisa el proyecto, qué indicadores se miran en cada revisión y qué decisiones se pueden tomar en cada una. Saber de antemano que en la revisión del sexto mes se mira la evolución de clics sin marca por grupo de páginas y las oportunidades atribuidas evita tanto los abandonos precipitados como las igualas que se prolongan por inercia.
Cuándo no deberías contratar SEO
Ninguna agencia honesta gana nada vendiéndote un servicio que no va a funcionar en tu caso. Estas son las situaciones en las que el dinero está mejor puesto en otro sitio.
Cuando nadie busca lo que vendes
Si tu producto es tan nuevo o tan específico que no existe demanda en buscadores, el SEO no puede crearla. Compruébalo antes: mira si hay consultas que describan el problema que resuelves, aunque no nombren tu categoría. Si no las hay, tu canal es otro y el SEO solo servirá, como mucho, para captar a quien busca el problema en abstracto.
Cuando el margen no soporta el coste de captación
Haz la cuenta en el orden correcto: margen unitario, número de ventas que necesitarías al mes para cubrir la inversión, y si ese número es plausible con tu volumen de búsqueda. Si vender ese volumen es irreal, el problema no es el proveedor de SEO: es el modelo de negocio o el precio.
Cuando el problema es de conversión, no de tráfico
Si ya recibes visitas y casi nadie contacta ni compra, traer más visitas multiplicará el problema y la factura. Mira antes el proceso de compra o el formulario, la propuesta de valor, los tiempos de carga, los medios de pago y la información que falta. Arreglar la conversión es más barato y sus efectos son inmediatos sobre el tráfico que ya tienes.
Cuando no puedes atender más demanda
Si tu agenda está llena, tu taller saturado o tu stock limitado, generar más contactos solo produce clientes descontentos y reseñas malas. Primero se resuelve la capacidad.
Cuando tu negocio vive en una plataforma que no controlas
Si vendes casi todo en un marketplace o captas casi todo por una red social, tu prioridad probablemente sea el posicionamiento dentro de esa plataforma o la construcción de un canal propio, no el posicionamiento de una web que hoy no interviene en tus ventas. El SEO tiene sentido si la web es un activo tuyo con un papel en el proceso comercial.
Cuando no puedes aplicar cambios ni producir contenido
Si nadie puede tocar la web y nadie puede revisar textos, contratar SEO es comprar recomendaciones. Resuelve primero quién ejecuta y quién aprueba; ese arreglo cuesta menos y desbloquea todo lo demás.
Cómo pedir tres presupuestos y poder compararlos de verdad
La calidad de las propuestas que recibes depende de la calidad del encargo que envías. Un encargo bien hecho ocupa una página y cambia por completo lo que te llega.
Incluye qué vendes y a quién, qué zona geográfica te interesa, qué canales te funcionan hoy, qué has hecho antes en SEO y con qué resultado, quién puede tocar la web y con qué agilidad, quién aprueba contenidos, qué objetivo de negocio persigues (no «salir el primero», sino «más solicitudes de presupuesto de empresas de tal tipo»), qué horizonte temporal manejas y qué orden de magnitud de inversión estás dispuesto a valorar.
Ese último punto incomoda a mucha gente, y sin él las propuestas no son comparables: cada proveedor imaginará un tamaño de proyecto distinto. Decir el orden de magnitud no es enseñar las cartas, es permitir que todos dimensionen la misma partida.
Pide además que todas las propuestas respondan a las mismas preguntas: qué harían los primeros noventa días, qué horas por perfil, quién ejecuta, qué informe entregan y qué esperan de tu equipo. Con eso sobre la mesa, la decisión deja de ser una comparación de importes y pasa a ser una comparación de trabajo.
Si después de leer tres propuestas no sabes decir en qué se diferencian más allá del precio, el problema no es tuyo: es que ninguna ha explicado su trabajo.
Nuestros precios de posicionamiento SEO
En Mercadonet publicamos el alcance de nuestros planes de SEO para que puedas ver qué incluye cada uno antes de hablar con nadie. Cualquier propuesta concreta parte de mirar tu web, tu sector y tus objetivos, y se entrega con el desglose que pide este artículo: alcance, horas por perfil, quién ejecuta cada cambio, herramientas, reporting y exclusiones.
Si prefieres seguir leyendo antes de pedir nada, el artículo sobre precios y factores del SEO profundiza en el detalle de cada partida. Y si quieres una propuesta para tu caso, escríbenos y la preparamos sin compromiso.